¿Qué nos hace la literatura cuando la incorporamos a otro nivel?

Miguel Ángel Rodrigo Jiménez

Enseguida sentí alivio. Llevaba mucho tiempo con la certeza de que hacer literatura tenía que ser algo más que el manejo más o menos diestro del lenguaje, que el conocimiento y aplicación de un montón de reglazas gramaticales y ortográficas y otros etcéteras. Algo más que un alarde constante de imaginación, que hacer girar hasta el retorcimiento a esos entes llamados trama para terminar dando con textos que, en su gran mayoría, me parecían una sofisticación de la redacción de cole de toda la vida: Mis vacaciones de verano. Textos, sí, y poco más que textos.

Lo primero que enseña el método Lolita es a romper mitos. Y, entre los mitos caídos, descubrí (constaté) que habíamos aprendido mal la literatura. Que la literatura no es lo que nos han dicho que era, o no sólo es eso. Que la manera de aproximarnos a ella con que hemos crecido nos priva, precisamente, de crear literatura, mundos en vez de textos. Ahí empezó el alivio.

Luego se complicó un poco (o un mucho) porque cuando empieza el curso uno se sumerge sin marco de referencia en lo que la literatura sí es. Puede que no del todo sin marco, no sin red. La cosa va más de alumbrarse con una intuición nueva, o una intuición que estaba dormida y que vamos a ir desperezando. Y llega el segundo efecto después del alivio: hay salvación para la literatura. O, mejor dicho, la literatura todavía puede salvarnos. Porque este otro nivel al que el método Lolita nos permite incorporar la literatura es, creo, la literatura en sí misma.

Y el curso avanza y uno no se siente solo porque no sólo es Lolita o Irene quien te acompaña sino también todas los compañeras y compañeros con los que se comparte alivio, naufragio y salvación en el nuevo océano de dudas. Poco a poco (paso a paso o gajo a gajo) se mira distinto, se piensa distinto. Se busca de otra manera, se filtra con otra exigencia. ¿Y qué manera de pensar y mirar, de buscar y filtrar es ésa? Sin duda, una manera literaria.

Pensar literariamente implica la constante y reiterada deconstrucción y reconstrucción de lo que se es. Y eso tiene una consecuencia inmediata: uno se vuelve más honesto consigo mismo. Quizá vaya de eso, de honestidad.

Después de aquel alivio que sentí allá por el mes de septiembre y de la tabla de salvación literaria a la que me agarré cuando pasábamos por noviembre, esto es lo que la literatura me está haciendo hoy.

No se engañen: del mismo modo que la literatura es mucho más de lo que nos han dicho que era, el método Lolita no sólo sirve para escribir novelas, que sí. Ni siquiera es un paradigma de pensamiento, que también. Si se lo curran, puede llegar ser una forma de vivir. Literariamente, por supuesto.

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